En este ahora, vamos a hablar hoy de las dos palabras más nefastas que te puedes decir a ti misma. Estas dos palabras constituyen una expresión que usamos constantemente, está por todas partes en la cultura y sobre todo, nosotras las mujeres la usamos muchísimo y no pensamos nada al respecto, pero verdaderamente, basado en muchísima investigación, tú no te quieres mandar este mensaje a ti misma. Y las dos palabritas son, la expresión nefasta es: “Tengo que”.

“Tengo que levantarme temprano, tengo que llevar a mis hijos a la escuela, tengo que cocinar, tengo que trabajar, tengo que ser una profesional exitosa, tengo, tengo, tengo…”

¿Qué pasa si digo ‘tengo que’?

Cada vez que te dices a ti misma “tengo que” pasan varias cosas. Número uno, verifícalo contigo misma, yo siempre digo, si me has visto antes, a mí no me creas nada, simplemente verifícalo todo. Verifica contigo cómo te sientes tú cada vez que usas esa expresión, cada vez que tú te dices a ti misma o le dices a alguien “tengo que hacer esto, tengo que hacer aquello”.

En mis más de veinte años como entrenadora y como coach en talleres de transformación esta es una pregunta que la hago siempre, ¿cómo tú te sientes cuando tú te dices ‘tengo que’ o cuando anuncias al mundo ‘tengo que’? La respuesta universal a través de más de una docena de países y más de veinte años siempre es la misma, en esencia: mal. Me siento mal, obligado triste, usado, cansado, cualquier cosa que no sea bien, nunca he escuchado a alguien decir “ay, yo me siento muy bien, me siento fabulosa, me siento espectacular cuando hago cosas porque las tengo que hacer”. Nadie se siente empoderado haciendo algo que tiene que hacer.

Número dos, lo segundo que pasa. No te estás diciendo la verdad, ni a ti ni a los demás, porque lo cierto es que no es que tienes que hacer las cosas, tú no tienes que trabajar, tú no tienes que llegar temprano, tú no tienes que estar dónde estás, ni cómo estás, ni con quien estás, ni haciendo lo que estás haciendo. Lo que es mucho más auténtico es que de todas las opciones que tú tienes al frente en ese momento, esa que estás escogiendo o prefiriendo es eso mismo, lo que estás escogiendo o prefiriendo, pero no es verdad que lo tienes que hacer.

Muy pocas cosas son un tengo real. Por ejemplo, tengo que respira o si no me muero, eso es un tengo real; o tengo que montarme en un cohete si quiero llegar a la luna, eso es un tengo real. Pero el 99.9 % de todas las veces que estás diciéndote tengo que, no son reales, no son la verdad, la verdad es que de todas las opciones disponibles, eso que estás haciendo, siendo o teniendo es lo que tú estás prefiriendo.

Tal vez esto te parezca un tema de pura semántica pero no lo es porque mira la tercera cosa que sucede cada vez que tú dices tengo que.

Cada vez que tú dices tengo que, tú le estás mandando un mensaje nada más y nada menos que a tu propio cerebro de impotencia, tú le estás mandando un mensaje a tu cerebro de que tú no puedes escoger, en otras palabras, tú le estás mandando un mensaje a tu cerebro de que tú no tienes poder.

¿Desempoderamiento?

Si poder es, y esa es la definición de poder, capacidad de acción, cada vez que tú te dices a ti misma que tengo que, tú te estás mandando un mensaje de  que no tienes poder. Y eso en el campo de la psicología se conoce como estar tú creando en ti desempoderamiento aprendido. ¿Y quién te lo está enseñando? Tú misma. Estás pagando precios altos cada vez que dices tengo que.

En un estudio que se hizo con mujeres deprimidas se las dividió en tres grupos. Al primer grupo no le dieron nada, placebo. Al segundo grupo le dieron medicamento para la depresión y al tercer grupo de mujeres, simplemente se les instruyó, se les dio la directriz y se monitorearon obviamente a través de los próximos tres meses de que cada vez que se encontraran diciendo ‘tengo que’ o estuviesen a punto de usar esa expresión, la sustituyeran por ‘escojo o prefiero’, buscar es una manera de decirlo que les devolviera su poder.

¿Cómo lo revierto?

Por ejemplo, no es lo mismo decir “tengo que ir a la fiesta de la familia del domingo” que decir “bueno, no me encanta pero prefiero ir a la fiesta de la familia del domingo porque prefiero eso a lidiar con lo que sea que sucede si no llego”. O en vez de decir “tengo que levantarme temprano”, “bueno, yo escojo levantarme temprano porque prefiero no estar en el tapón, prefiero llegar temprano y tener un buen día”.

Nota lo que sucede. En la primera expresión ‘tengo que’, tú no tienes poder alguno; en la segunda expresión ‘yo lo escojo o yo lo prefiero’, por las razones que sea, obviamente tú vas a tener tus razones, pero cuando utilizas el lenguaje ‘yo lo escojo o yo lo prefiero o yo voy a hacer esto porque prefiero las consecuencias de esto a las consecuencias de no hacerlo’, tú sigues estando en un espacio de poder y tú estás relacionándote contigo como alguien que tiene capacidad de acción.

De nuevo, a mí no me creas nada. Si has visto mis vídeos antes sabes que yo repito esto muchas veces como un mantra, si has hecho un taller conmigo, yo empiezo por ahí, a mí no me creas nada, verifícalo todo, pruébalo tú en tu propia experiencia.

Esta es tu práctica. De nuevo, el concepto no le cambia la vida a nadie, tus prácticas van a transformar tu experiencia. Así que tu práctica es esa misma, cada vez que tú estés a punto de decir ‘tengo que’ o que ya lo estés diciendo, porque va a suceder, te detienes. Vas a respirar y vas a buscar conscientemente otra manera de expresar lo mismo son desempoderarte. ¿De qué manera lo escoges, por qué lo escoges, por qué lo prefieres? Y nota lo que comienza a suceder en tu propia experiencia.

Si encontraste valor en este vídeo a mí me encantaría que lo compartas por lo menos con alguna mujer importante en tu vida. El despertar de una es el despertar de todas. El éxito de cada una de nosotras es el éxito de todas nosotras.

De nuevo, esto todo se trata de ti, así que si quieres que tus visitas a tu inbox sean cada vez más interesantes y más divertidas, ven para ivetterodriguez.com, déjame tus comentarios, cómo lo ves, cuéntame qué pasa, nos vemos en la próxima. Y mientras tanto, ámate, celébrate y date permiso ya.

 

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