Te invito a una práctica que puede ser la práctica más transformacional de tu vida entera, esta práctica puede cambiar la calidad de tu experiencia de vida para siempre.

Tan simple como decir no

Esta práctica tiene muchas facetas, te va ayudar a establecer límites claros y saludables en tus relaciones, te va a ayudar a que quede muy muy claro dónde termina el otro y dónde empiezas tú. Esta práctica también es una práctica de amor propio, la base de todo.

Sin amor propio no vamos para ningún lado ni aunque nos pongan la alfombra roja. Nos pueden poner la alfombra roja y no la vamos a caminar si no creemos que lo merecemos; amor propio al principio y al final es la base de todo. Pero también esta práctica te va a ayudar a crear espacio, para qué, para crear y para recibir los anhelos verdaderos y auténticos de tu corazón. ¿Qué práctica es esa? Esta es la práctica de hacer algo tan sencillo y a veces tan complicado como decir no, cuando esa es la respuesta auténtica.

Porque te cuento lo que pasa. Cuando la respuesta auténtica de tu ser, de tu corazón, cuando tú sabes que la respuesta es no pero tú dices sí, le estás diciendo que no a ti, a tu verdad, a tu corazón, a tus anhelos, a quien tú quieres ser en este planeta durante tu tiempo, a la vida que tu auténticamente quieres vivir.

Por otro lado, si la respuesta auténtica es no y tú dices no, le estás dando un sí gigantesco a ti, a tu verdad, a tus anhelos, a tus sueños, a tu visión, a todo lo que quieres y aún no has creado.

Olvídate del mito

Las mujeres hemos sido adiestradas, educadas, sociabilizadas, adoctrinadas a creer que cuando decimos que no, somos mala mujer, mala esposa, mala amante, mala madre, mala vecina, mala, mala, mala.

Por eso se nos hace tan difícil tantas veces decir no sin seguir ese no con este cuento gigantesco y todas estas justificaciones y aclaraciones. De modo que la invitación es a que la próxima vez que te llegue una oferta, una invitación, una demanda, un pedido, lo que sea, en vez de automáticamente decir sí y después terminar resentida y viendo a ver que te inventas para salir de ese compromiso, pares, respires, cheques con tu cuerpo, cheques  con tu autenticidad ¿cuál es mi respuesta auténtica? Y si la respuesta e son mi amor, que practiques decir no, tú puedes decir que no de tantas maneras, tú puedes decir que no respetuosamente, con gracia, con estilo, con amor.

Tú puedes decir “te amo y te adoro con todo mi corazón y la respuesta es no”, o tú puedes decir, por ejemplo a tu jefe que llega  las cinco de la tarde con todos esos papeles y cosas que quiere que tú resuelvas a esa hora, tú puedes decir “me encantaría poder decirle que yo voy a poder hacer todo esto ahora mismo pero no va a poder ser, mañana a primera hora yo voy  a trabajar con eso”, o tú puedes decir con mucha gracia y mucho estilo “caramba, me encanta, me fascina, me honra que hayas pensado en mí pero esta vez no va a poder ser”.

Calladita no te ves más bonita, a lo mejor te ves más bonita por un rato, pero cuando explotas sin razón aparente de tanto sentimiento acumulado, te prometo, no te ves más bonita, te ves loquita. Eso es como te ves cuando explotas y nadie entiende qué pasó. Y lo que pasó es el cumulo de todas las veces que dijiste que sí cuando lo verdadero era no.

De modo que esta es la invitación. Empieza a practicar y cuéntame, la mejor parte viene ahora. Cuéntame, quiero saber de ti. Qué maneras maravillosas tienes tú de decir que no, o qué maneras vas a descubrir ahora, cómo te sientes antes, cómo te sientes cuando lo haces, cómo lo expresaste y cómo te sentiste después que lo hiciste.

 

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