Nos quedamos hablando en el último vídeo de como nuestra falta de amor propio muchas veces es lo que se está metiendo entre nosotras y nuestra felicidad. Hoy vamos más profundo. La pregunta de hoy es la siguiente. ¿Qué se mete entre nosotras y nuestro amor propio? Y estudio tras estudio tras estudio, esto es lo que revelan.

Abrazar nuestra imperfección

Una de las razones más importantes, por las que se nos hace tan difícil verdaderamente amarnos y abrazarnos es la resistencia que le tenemos a nuestra imperfección. En otras palabras, nuestra obsesión con ser perfectas. Y yo estoy aquí para recordarte hoy mi amor, que nunca pero nunca, vamos a ser perfectas. Y siempre  pero siempre vamos a ser grandiosas, hermosas y más que suficiente.

Ahora, ¿qué se mete entre nosotras y abrazar nuestra imperfección? ¿Qué se mete entre nosotras y genuinamente abrazar la totalidad de quienes somos? Nuestros juicios acerca de nosotras mismas. Y sobre todo, nuestra vergüenza. En su trabajo de más de diez años, trabajando con el tema de la vergüenza, la socióloga de la universidad de Texas en Houston Brené Brown y autora sobre este tema precisamente habla de cómo nuestra vergüenza nos mantiene separadas, aisladas, y nos previene de vivir vidas plenas y gozosas. Y hoy yo te pregunto a ti y te invito a que te preguntes ¿de qué te avergüenzas?

Cuando yo comencé a leer sobre esto yo tenía terrible resistencia este tema y pensé “No, qué vergüenza ni qué vergüenza, de qué”. Hasta que yo me hice la pregunta y dije ok Ivette, por qué resistes al tema tanto, ¿de qué te avergüenzas? Y cuando me hice esa pregunta descubrí que había cosas en mi vida de las que aún a estas alturas, en medio del proceso tan comprometido de vida, de crecimiento mío conmigo misma, a pesar de todo mi conocimiento, a pesar de todo mi trabajo de más de veinte años con gente, todavía habían cosas en mí de las que me avergonzaba.

Te invito a que te hagas la pregunta de qué te avergüenzas. El momento en el que yo me di el permiso a hacerme la pregunta, a contestármela y a sentir profundamente, lo que sentí en ese momento fue sumamente estremecedor y también fue sumamente  sanador.

Qué nos avergüenza

Hay tres cosas que no resiste la vergüenza. Una, que la reconozcas. La llave de la libertad, el camino a la libertad siempre comienza con un proceso de reconocimiento, que la reconozcas. Dos, que la compartas. Obviamente con un ser humano, por lo menos con un ser humano que se haya ganado el privilegio de que tú compartas cosas de intimidad y que te lo pueda escuchar con empatía y sin prejuicios, neutro. Y por último, que la enfrentes con compasión.

Y esa es la práctica a  la que te invito esta vez. A que te preguntes ¿qué me da vergüenza? A lo mejor es tu cuerpo, a lo mejor es lo que has permitido en tus relaciones, a lo mejor es algo que estás tolerando hoy mismo en tu vida, no sé. A lo mejor es algo que hiciste, a lo mejor es algo que te pasó. Qué te da vergüenza.

Eso es lo número uno, y número dos que lo comuniques a alguien que sea un espacio seguro en tu vida y a que lo enfrentes con compasión.

Y aquí yo voy a añadir una práctica que nos llega al mundo moderno recientemente, de los años setenta hacia acá, pero es una práctica muy antigua de los aborígenes hawaianos, se llama ho’oponopono, podríamos hablar muchísimo de ello pero solamente te voy a decir que es una práctica sumamente sanadora y consta de lo siguiente.

Una vez identifiques eso en ti o esa parte de ti que te avergüenza le vas a mandar el siguiente mensaje, y te invito a que pongas tu mano sobre el corazón, porque cuando hacemos eso, fisiológicamente el cuerpo libera una hormona que se llama oxitocina y que es la hormona que se asocia con la conexión y con el amor, así que es una muy buena práctica poner la manita sobre el corazón cuando estamos trabajando con nosotras mismas. Le vas a mandar a esa parte de ti  que te haya generado o te genere vergüenza, el siguiente mensaje: “Te amo. Lo siento. Perdóname. Gracias. Te amo. Lo siento. Perdóname. Gracias”.

 

Y si has encontrado valor en esto, estamos en la recta final, final, todavía estás  a tiempo, estamos en los últimos espacios en El año de tu vida ahora, llámanos, escríbenos, ahí tienes todo, números, la dirección de email. Y por último puedes entrar a mi página web ivetterodriguez.com, ahí también vas a encontrar todo. Te esperamos.

“Te amo. Lo siento. Perdóname. Gracias.”

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